La ‘Guerra de las Vacunas’

Ganan las farmacéuticas, ‘Big Pharma’, el novelista inglés John Le Carré nos advirtió en ‘El jardinero fiel’

EL BESTIARIO

SANTIAGO J. SANTAMARÍA GURTUBAY

‘Guerra de las vacunas: ¡alto el fuego!’. Así titulaba hace unos días su editorial el diario francés ‘Le Monde’. Esta fase por la pandemia de COVID-19 está presidida por una contienda sin cuartel en cuanto a las vacunas, la única solución a la vista para la crisis sanitaria. La están ganando las grandes farmacéuticas, imponiendo subrepticiamente sus condiciones, de venta al mejor postor (con las famosas ‘cláusulas confidenciales’) y olvidando que la investigación y el desarrollo sobre las vacunas se ha hecho en gran medida con fondos públicos. En todo caso, este es el primer reto: ¿habrá vacunas para todos, es decir, una vacuna por cada habitante del mundo, más de 6.000 millones de dosis? ¿Se distribuirán equitativamente? Un desafío absolutamente inédito en la historia moderna. Según el Centro Duke de Innovación en Salud Pública de Madrid, España, los 1.230 millones de personas que viven en los países de más altos ingresos han comprado a través de sus gobiernos 4.198 millones de vacunas, mientras los 3.500 millones que residen en los países de ingresos medios/bajos han encargado 713 millones, a los que sumarán 1.110 millones de la iniciativa global Covax, promovida por la OMS Organización Mundial de la Salud).

De momento, el primer problema se plantea para el suministro y la distribución de vacunas por las farmacéuticas, que inicialmente dependerá de la capacidad de producción de las industrias, desbordada sobre todo por la falta de personal especializado en biotecnología. El segundo es la falta de cumplimiento de los suministros en los plazos comprometidos en los que juega la geopolítica. La Unión Europea, la primera región del mundo afectada por la pandemia, después de China, sufre una gran crisis en este sentido. Al margen de planes y promesas, solo el 22 % de su población contará con vacunas de aquí al verano, si no pasa nada. Según el británico ‘TheObserver’, hay una cólera creciente entre la población europea de cara a la penuria de las vacunas y “pánico entre los dirigentes europeos”. La farmacéutica AstraZeneca, que ha desarrollado la vacuna con la Universidad de Oxford, ha incumplido sus compromisos con la Unión Europea, reduciendo sus entregas en un 60 % para favorecer al Reino Unido ‘posbrexit’. Así, mientras los ingleses habían vacunado al 11 % de su población, Alemania estaba en el 2,3 % y Francia, en el 1,8 %, según cifras de la semana pasada.

Por su parte, la OMS no ha cesado de pedirles a los países ricos detener la conclusión de acuerdos bilaterales con los laboratorios farmacéuticos, con el objeto de privilegiar el mecanismo multinacional Covax, en el que participan 156 Estados y que trata de asegurar un acceso equitativo mundial a la vacunación. Según la prestigiosa organización Oxfam, los países más ricos, que representan el 13 % de la población mundial, han comprometido más de la mitad de las futuras dosis de vacunas disponibles, mientras las ‘Big Pharma’ negocian con cada Estado al mejor postor, en lo que se está denominando una guerra comercial y geopolítica sin precedentes. Mucho se ha hablado del ‘milagro israelí’ con la vacunación de más de la mitad de su población en tiempo récord, mientras España, Italia o Portugal apenas llegaban al 3 %. No hay tal ‘milagro’. Israel se aseguró el suministro privilegiado de las vacunas de Pfizer pagando el doble de su valor. Algo parecido ha sucedido con los Emiratos Árabes. Mientras tanto, en el continente africano solo un 30 % de la población estará vacunada a finales de este año, mientras que la ‘inmunidad de grupo’ tendrá que esperar 2 o 3 años, según datos de la OMS. El presidente sudafricano, CyrilRamaphosa, acaba de pedir expresamente en el Foro de Davos que, por favor, los países del norte envíen a África las vacunas que les sobren. Un ejemplo: Canadá, con las dosis que ha comprado, podría vacunar a su población cinco veces.

Ver para creer. Cuba, ese pequeño país caribeño comunista con poco más de 11 millones de habitantes y una renta per cápita tres veces inferior a España, está poniendo en jaque con su vacuna Soberana a las grandes multinacionales farmacéuticas. Ha comenzado la vacunación masiva de su población y la suministra gratuitamente a los turistas. Para septiembre calculan que estarán inmunizados el 70% de sus ciudadanos. ¿Cómo es posible que la Unión Europea no tenga su propia vacuna a pesar de poseer el talento y los recursos necesarios? Cuando estalló la pandemia en marzo del 2020 Pedro Sánchez prometió ayudas a los centros de investigación para que España tuviese su propia vacuna. Los científicos iniciaron una carrera contrarreloj, en previsión de que las soluciones de otros países no funcionaran o hubiera problemas de abastecimiento, que es exactamente lo que ha sucedido. Se iniciaron diez proyectos de investigación y cinco de estos equipos pretendían empezar los ensayos en humanos antes de que acabase el 2020. Hay tres proyectos avanzando. Pero más decepcionante aún es lo que ha pasado en la UE y su apuesta por Oxford-AstraZeneca. Pronto se puso de manifiesto que no era tanto una vacuna europea como británica y que no se le permitirían cumplir sus compromisos con el continente hasta que no estuviesen vacunados los británicos. El hecho es que mientras en los países comunitarios aún no se ha terminado de poner las dosis a los mayores de 80, en Inglaterra ya están vacunado a los de 40.

Se argumenta que las autoridades comunitarias no han sabido negociar bien los contratos. Por querer apretar en el precio los laboratorios han dado prioridad a los países que han pagado más, como Israel, Estados Unidos o Emiratos Árabes. Además, norteamericanos e ingleses introdujeron una cláusula prohibiendo la exportación de viales que se fabricasen en su territorio hasta que sus ciudadanos no estuviesen inmunizados, detalle que olvidó la Unión Europea en su negociación. Se ha aplicado la regla de “quien paga manda”. Ante esta situación, la opinión pública se pregunta hasta qué punto la UE debería apoyar con recursos públicos una farmacéutica capaz de tener su propia vacuna y no depender de los demás. Hay opiniones para todos los gustos. Una parte de los dirigentes políticos opinan que no se trata de tanto de tener una vacuna europea como de cambiar la regulación. La pandemia demostró que la descentralización de la producción a China es un riesgo geoestratégico. Al paralizarse el país asiático se han suspendido los suministros y se ha frenado la industria europea. La Unión Europea se ha convertido en una región totalmente dependiente.

Hay actividades o productos estratégicos que tienen que ser controlados por los estados. Hay sectores que necesitan una regulación que corrija los fallos de mercado. Una cosa es cierta, y es que las vacunas ya son estratégicas, pues de ellas depende la salud de los ciudadanos, su economía y hasta su libertad. No se trata de un fármaco más, sino un arma potentísima en la geopolítica del nuevo mundo posCOVID-19. Lo cierto es que las grandes potencias controlan su destino a través de sus farmacéuticas. Estados Unidos cuenta con Moderna y Pfizer, que están sometidas a su regulación. Rusia tiene Sputnik, China tiene Sinofar, Reino Unido tiene AstraZéneca… con las que no solo inmunizan a su población, sino que ejercen con ella su influencia diplomática. Hasta Cuba tiene Soberana, con la que trata de influir en los países no alineados. Pero esto no solo pasa con las farmacéuticas, sino con otros mercados estratégicos como las grandes plataformas que controlan el negocio de los datos. EE UU ha diseñado un marco económico que protege a las empresas, por su parte, China mantiene el control de todo en manos del Estado y Europa argumenta que su modelo protege al individuo. ¿Es posible proteger a las personas sin medios de producción ni empresas propias? ¿Se puede proteger a los individuos solo con una regulación?

La verdad es que la Unión Europea ha vuelto a fallar por no tener su propio laboratorio. El desprestigio que ha acumulado AstraZéneca está más que demostrado. Incumplió los suministros, su eficacia es menor, los efectos secundarios han desatado la alarma social y, por si esto fuera poco, ha engañado escondiendo 30 millones de dosis en Italia para suministrar a terceros países de estrangis. En este momento en que tenemos que pensar el mundo que nos viene después de la pandemia. Debemos ser más pragmáticos y menos confiados de lo que hemos sido hasta ahora.La gran industria farmacéutica, o ‘Big Pharma’ en su sinónimo despectivo, es seguramente uno de los sectores empresariales considerados más sospechosos por la población planetaria. Prefieren, se dice, investigar en la calvicie del mundo rico antes que en la malaria del pobre; manipulan, se dice, los ensayos clínicos de maneras sutiles para apantallar los efectos secundarios de sus moléculas estrella o amplificar sus propiedades curativas; presionan, se dice, a los gobiernos y a la Organización Mundial de la Salud para que avalen sus fármacos nuevos y, en su caso, financien su coste para la población afectada; inventan, se dice, enfermedades inexistentes (diseasemongering) para generar en la gente una necesidad superflua. Desde ‘El tercer hombre’ –el primer thriller farmacéutico de la historia, con guión de Graham Greene— hasta ‘El jardinero fiel’ de John le Carré, la ‘Big Pharm’a se ha llevado suyo también en el arte.

Es fácil pensar así, y la historia reciente bulle con casos particulares que podrían avalar cualquiera de esos puntos. La comunidad médica y sanitaria hace bien en permanecer alerta ante cualquier abuso. Pero quedarse ahí es perderse la mitad de la historia. Porque, si un hada buena destruyera ahora mismo la Big Pharma, se habría cargado la mitad del avance de la medicina. Miles de buenos científicos dedican lo mejor de sus vidas a investigar para estos grandes laboratorios, y algún día habrá que hacer una lista de ellos y reconocerles su aportación a la ciencia. Un buen nombre para empezar puede ser el de Mariagrazia Pizza, descubridora de las vacunas contra la tos ferina y contra la meningitis B. Y sí, empleada de Glaxo (GSK), una de las grandes. El farmacéutico es un sector de alto riesgo. Una empresa puede invertir 10 años y una pasta gansa en una molécula que acaba estrellándose en el primer ensayo clínico. Un nuevo fármaco puede topar con la actitud hostil o indiferente de una agencia del medicamento o una dirección general de salud pública. Y las vacunas son el negocio más delicado de todos. Son medicina preventiva, y por tanto merecen apoyo público, pero una cosa que le pinchas al paciente una vez, o solo unas pocas, y le deja protegido toda la vida no es el modelo de negocio que tiene en mente un broker de Wall Street. Un abogado de colmillo retorcido puede convencerte a la salida del hospital de que la vacuna que le han puesto a tu hijo causa autismo. No es cierto, pero el dinero de los papeleos judiciales se lo llevará el abogado. Pese a todo, gigantes farmacéuticos como Pasteur o Glaxo están creando vacunas innovadoras y eficaces. Tenlo en cuenta la próxima vez que veas ‘El tercer hombre’. Las cosas importantes siempre son mucho más complicadas –e interesantes— de lo que nos gustaría.

El mundo de las multinacionales farmacéuticas me atrapó al entrar en él, y ya no pude dejarlo. El ‘Gran Farma’, como se le conoce, tenía de todo: las esperanzas y los sueños que depositamos en él; su enorme potencial –en parte llevado a la práctica– de hacer el bien, y su lado más oscuro, alimentado por inmensas cantidades de dinero, una hipocresía rampante, corrupción y avaricia. Semanas atrás por fin hemos conocido (es un decir) el contrato firmado por la Unión Europea con la farmacéutica AstraZeneca para el suministro de su vacuna contra el COVID. Lo ha hecho público la Comisión Europea tras varios días de alta tensión con la multinacional anglo-sueca después de que esta comunicara una reducción de hasta un 60% de las entregas comprometidas para el primer trimestre. Lo que podemos leer del contrato desmiente como mínimo dos patrañas que el laboratorio se había inventado para justificar el incumplimiento de su compromiso… Las plantas de producción del Reino Unido se consideran expresamente en el territorio de la UE “a los efectos de esta disposición”. En otro apartado del acuerdo, AstraZeneca “garantiza” que #no tiene ninguna obligación, contractual o de otro tipo, con ninguna persona o tercero respecto a las dosis iniciales” pactadas con la UE. De modo que no se sostiene por ningún lado la excusa de que Reino Unido tenía un acuerdo previo que le daría prioridad a la hora de hacerse con la producción de la vacuna.

El documento publicado aparece con insistentes (y cutres) tachaduras, que ocultan al menos dos datos fundamentales del contrato: el precio por dosis y el calendario concreto de entregas y su volumen. Para escribirlo pronto y sin rodeos: es inadmisible que una empresa privada imponga a la Unión Europea la opacidad en un contrato que es fruto en buena parte de la inversión pública de la propia UE y de los Estados miembros para facilitar la investigación, producción y distribución de esa vacuna. Es más, una de las pocas cuestiones que están claras, respecto a AstraZeneca y las demás grandes farmacéuticas competidoras en la carrera por hallar un remedio preventivo contra la actual pandemia, es que la propia UE ha asumido los principales riesgos económicos que pudieran derivarse de la aceleración de todos los procesos para obtener las vacunas. Las razones aducidas para intentar justificar el velo de la censura (cuestiones de seguridad o información confidencial, ver aquí) ofenden a la inteligencia: ni los precios de cada dosis ni los plazos acordados para su entrega tienen absolutamente nada que ver con la seguridad o la confidencialidad protegidas por las leyes vigentes. Según la revista alemana Der Spiegel, el coste para la UE del citado y semicensurado contrato es de 870 millones de euros que incluyen “todos los gastos directos e indirectos” incurridos por AstraZeneca en la producción y distribución de la vacuna (ver aquí). O sea que si el laboratorio tuviera pérdidas, aquí estaremos todos para cubrirlas. Ya saben. Es costumbre neoliberal instaladísima

De modo que una vez semidesvelado el contrato, quedan aún más abonadas las sospechas sobre intereses políticos de AstraZeneca en favor del Reino Unido e intereses puramente crematísticos en favor de Israel (el país más avanzado del mundo en la vacunación contra el covid), pero sobre todo a beneficio puro y duro del propio laboratorio (ver aquí un retrato empresarial de la farmacéutica anglo-sueca). Desde que el fallecido John Le Carré escribió ‘El jardinero fiel’ y publicó un impagable artículo han pasado veinte años. Sería injusto ocultar que se han dado pasos importantes para frenar la codicia insaciable de la industria farmacéutica y las prácticas de corrupción que empleaba en todo el mundo, y que ingresaban en el territorio de lo criminal en lo que se refiere a experimentación y expolio en los países más pobres. Pero también sería ingenuo creer que el poder del llamado ‘Big Pharma’ y su capacidad de influir en los gobiernos han disminuido cuando su labor comercial sigue marcada por la opacidad y cuando siguen gozando de enormes privilegios en la explotación de sus productos gracias al sistema de patentes.

Ya en febrero de 2001 se preguntaba Le Carré: “¿Qué es lo que oigo? ¿La vieja y manida excusa de las farmacéuticas de que necesitan tener grandes beneficios con un fármaco para poder financiar la investigación y el desarrollo de otros? Entonces, que alguien me diga, por favor, ¿cómo es que invierten el doble en comercialización que en investigación y desarrollo?”. No han perdido vigencia esas preguntas, especialmente respecto a las vacunas contra el covid, cuya aceleración y éxito son mérito de la ciencia bajo financiación, protección y asunción de riesgos de las arcas públicas. Es decir, con el dinero de todos y cada uno de nosotros y nosotras. Debería ser sencillo entender que una pandemia en la que los Estados vuelcan todo su potencial, armados con nuestra caja común y nuestro endeudamiento futuro, no puede admitir que ningún particular, sea un empresario audaz o una multinacional, establezca prioridades a beneficio privado de sus ejecutivos y accionistas.

La UE se juega mucho, y la Comisión Europea está obligada a demostrar que no ha sido engañada por un vulgar trilero. Pero más allá de esta (grave) crisis provocada por AstraZeneca, convendría que aprendiéramos algo de todo esto. ¿Qué tal si nos ponemos en la piel de los pueblos de África, de Asia o de Latinoamérica? Porque, una vez que pasen los latigazos de esta tercera ola y se superen las artimañas de algunas farmacéuticas, lo cierto es que en España y en el resto de Europa recibiremos, seguro, las vacunas que frenarán –veremos cuándo– la pandemia. Porque pertenecemos al club de los privilegiados que concentrarán la recepción de más del 90% de las dosis disponibles en los próximos meses. Millones de ciudadanos del Tercer Mundo no tendrán esa suerte. Allí se les requiere más a menudo para ensayos clínicos de nuevos medicamentos mientras se les ponen mil obstáculos para fabricar genéricos que les permitan acceder a ellos. De modo que no seamos hipócritas: lo que hoy exigimos a AstraZeneca para nosotros es lo que desde siempre reclaman con toda justicia ‘los nadies’ del resto del mundo. Lo ha expresado con absoluta claridad el Director General de la Organización Mundial de la Salud (OMS): “Tengo que ser franco. El mundo está al borde de un catastrófico fracaso moral, y el precio de ese fracaso se pagará en vidas y medios de subsistencia en los países más pobres del mundo”.

Hace dos décadas quizás aún fuera posible poner nombres y apellidos a los desaprensivos del ‘Gran Farma’. Hoy es más complicado. Como ocurre en tantos otros sectores de la economía globalizada, la propiedad se concentra en manos de fondos de inversión cuyos tentáculos suelen perderse en paraísos fiscales, infiernos más bien para el interés común. Lo cual no quiere decir que debamos caer en la “impotencia democrática”. Entre los muchos escombros que asoman a la superficie con el cenagal de la pandemia, uno de los más evidentes es el poder incontrolado de las grandes corporaciones que se burlan por distintos cauces de la autoridad democrática. Ni una broma más. Cada euro público destinado a una empresa particular (sea de una familia aristócrata o de un fondo buitre) exige absoluta transparencia. El pulso con AstraZeneca, o con cualquier otro socio del club de las farmacéuticas, sólo puede y debe ganarlo la UE que nos representa a todos. Y a partir de ahí, cuando pase lo peor, deberemos resetear todo eso de las patentes y las regulaciones de la investigación científica, empezando por nuestro presupuesto. Como decía el virólogo Mariano Esteban, investigador de la muy esperanzadora vacuna española: “No somos los primeros porque no tenemos los mismos recursos”. Si se los traspasamos vía UE a una multinacional, lo mínimo es exigir que cumplan lo firmado y no nos tomen por idiotas.

La Agencia Europea del Medicamento (EMA) confirmó este miércoles, 7 de abril del 2021 un “posible vínculo” de AstraZeneca con los casos inusuales de coagulación sanguínea reportados en algunas personas que recibieron esta vacuna, pero considera que sus beneficios siguen estando por encima del riesgo de efectos secundarios.Según las conclusiones alcanzadas hoy por el comité de seguridad (PRAC) de la EMA, los coágulos de sangre “inusuales” con bajas plaquetas “deben incluirse como efectos secundarios muy raros” de la vacuna de AstraZeneca, en base a “todas las pruebas disponibles actualmente”, incluyendo el asesoramiento de un grupo especial de expertos.Los expertos de la EMA no han podido identificar un factor de riesgo para estos eventos, como la edad, el sexo o un historial médico previo, aunque una “explicación plausible (a estos casos raros de coagulación sanguínea) es que son una respuesta inmune a la vacuna” en algunas personas, por lo que el PRAC ha solicitado nuevos estudios para tratar de recopilar más información y tomar las medidas adicionales necesarias.La directora ejecutiva de la EMA, EmerCooke, subrayó, en una rueda de prensa telemática desde la sede de la agencia en Ámsterdam, que la COVID-19 es una “enfermedad muy peligrosa” y las vacunas son “muy importantes para luchar contra la pandemia”, lo que incluye AstraZeneca, que “se ha demostrado altamente efectiva” contra el coronavirus.“El PRAC ha confirmado que los beneficios de la vacuna de AstraZeneca para prevenir la COVID-19 en general superan a los riesgos de efectos secundarios”, añadió Cooke, que reiteró que “tras un análisis en profundidad, se ha llegado a la conclusión de que los casos notificados de coágulos sanguíneos inusuales posteriores a la vacunación deben incluirse como posibles efectos secundarios de la vacuna”.

Al no haber un factor de riesgo definido, la EMA subraya que es “importante que tanto las personas vacunadas como los profesionales de la salud estén al tanto de la posibilidad de que se desarrollen casos muy raros de coagulación sanguínea combinados con niveles bajos de plaquetas en la sangre dentro de las dos semanas posteriores a la vacunación”.Hasta ahora la mayoría de los casos notificados han ocurrido en mujeres menores de 60 años dentro de los 15 días posteriores a la vacunación.El PRAC revisó en profundidad un total de 62 casos de trombos cerebrales venosos (CVST, por sus siglas en inglés) y 24 casos de trombosis de la vena esplácnica, notificados hasta el 22 de marzo, de los cuales, 18 fueron mortales.Días atrás, un alto funcionario de la Agencia Europea de Medicamentos (EMA, por sus siglas en inglés) dijo que existía un vínculo causal entre la vacuna de AstraZeneca y los coágulos sanguíneos que se han visto en decenas de personas en el mundo entre las decenas de millones que han recibido al menos una dosis de la inyección.Marco Cavaleri, jefe de amenazas a la salud y estrategia de vacunación de la agencia con sede en Ámsterdam, dijo en declaraciones al diario romano IlMessageroque “se vuelve cada vez más difícil afirmar que no existe una relación de causa y efecto entre las vacunas de AstraZeneca y los muy raros casos de coágulos sanguíneos asociados con bajos niveles de plaquetas”.

Europa presentará su análisis de la vacuna AstraZeneca, algo que tendrá consecuencias en México. Cavaleri reconoció que la agencia aún no había descubierto de qué manera la vacuna provoca estos efectos secundarios inusuales. La agencia dijo que su evaluación “aún no había llegado a una conclusión y la revisión continúa”.La EMA estudió en particular dos tipos de coágulos sanguíneos inusuales: uno que aparece en múltiples vasos sanguíneos y otro que se presenta en una vena que drena sangre del cerebro. También evaluó informes de personas con bajos niveles de plaquetas, lo que significa un riesgo mayor de hemorragias graves.La EMA, la Organización Mundial de la Salud y varias autoridades de salud han dicho reiteradamente que la vacuna de AstraZeneca es segura y eficaz y que la protección que brinda contra la COVID-19 supera los riesgos comparativamente pequeños de los coágulos sanguíneos.Además, muchos de los que reciben la primera dosis lo hacen angustiados, en mayor o menor medida, por el miedo a si tendrán o no la mala suerte de sufrir serios problemas tras la vacunación.

La Base de Datos Europea sobre posibles efectos adversos de las vacunas recogía que en España 2.599 personas se han quejado de dolores musculares y de malestar general tras vacunarse con AstraZeneca. Es una estadística que sin duda refuerza la gran preocupación de la gente.Pero lo que de verdad inquieta a nuestros gestores es saber si la vacuna de AstraZeneca produce en ocasiones lo que se ha denominado trombocitopenia inmunitaria protrombótica, los ya célebres trombos post-vacunación.Un riguroso seguimiento de los vacunados en Alemania demuestra que 1 de cada 83.000 vacunados con AstraZeneca desarrolló trombos. En este sentido las cifras de afectados por trombos tras recibir la vacuna de AstraZeneca registradas en los países nórdicos son aún peores.En medio de la polémica, el pasado 18 de marzo, EmerCooke, la directora ejecutiva de la EMA compareció para afirmar que la Agencia Europea de Medicamentos seguía dando su visto bueno a la vacuna de AstraZeneca, al considerarla segura y eficaz.Sin embargo, Marco Cavaleri, jefe de Estrategia de Vacunas de la Agencia Europea del Medicamento, afirmó ayer que “existe alguna relación entre casos raros de trombosis y la administración de la vacuna contra la COVID-19 de AstraZeneca, aunque no se han podido establecer las causas”.

A través de una nota enviada a la prensa, el Comité de Seguridad de la Agencia Europea del Medicamento anuncia que los casos muy raros de coágulos sanguíneos inusuales que se producen en pacientes con bajos niveles de plaquetas en sangre, deben incluirse como efectos secundarios muy raros de Vaxzevria (el actual nombre de la vacuna COVID-19 de AstraZeneca). El citado comité “recuerda a los profesionales de la salud y a las personas que reciben la vacuna, que estén al tanto de la posibilidad de casos muy raros de coágulos de sangre combinados con niveles bajos de plaquetas en la sangre dentro de las do semanas posteriores a la vacunación. Hasta ahora, la mayoría de los casos notificados han ocurrido en mujeres menores de 60 años dentro de los quince días posteriores a la vacunación. Según la evidencia actualmente disponible, no se han confirmado factores de riesgo específicos”.Se recuerda a las personas que han recibido la vacuna de AstraZeneca que deben buscar asistencia médica de inmediato si desarrollan síntomas de esta combinación de coágulos sanguíneos y plaquetas bajas en sangre.Como el asunto de la vacuna de AstraZeneca tiene pinta de convertirse en una interminable sucesión de declaraciones que nos hartará de “dimes, diretes y retornares”, conviene analizar los datos aplicando rigurosamente el método científico.

Hay que destacar que, sorprendentemente, el registro sobre posibles efectos adversos de las vacunas del Reino Unido (que nos guste o no es uno de los países más avanzados del mundo en ciencia y sanidad, y también es de los que más han vacunado) recoge muchos más casos de trombos post-vacunación en quienes recibieron la vacuna de Pfizer que entre los vacunados con AstraZeneca (y las diferencias son estadísticamente significativas) pese a que allí la mayoría de la gente ha sido vacunada con AstraZeneca. La misma Base de Datos Europea sobre posibles efectos adversos de las vacunas que destacó que en España 2.599 personas se quejaron de dolores musculares y de malestar general tras vacunarse con AstraZeneca, también recoge que 8.610 personas han sentido un malestar semejante tras vacunarse en España con Pfizer.¿Acaso 2.599 es más que 8.610?Además, dicha base de datos refleja 1.148 quejas de quienes han recibido la inoculación de la vacuna de Moderna en España. Por cierto ¿Cuántos de estos afectados lo serán en realidad por el efecto nocebo? (nocebo es más o menos lo contrario a placebo, es decir, sufrir signos de una enfermedad por la expectativa de que van a ocurrir). Todo este lío sobre la vacuna de AstraZeneca suena a que es consecuencia de uno de los mayores problemas de la sociedad europea actual: la burocracia excesiva.Seguramente el riesgo que corremos al vacunarnos con AstraZeneca sea de un nivel muy parecido al que corremos al vacunarnos con cualquier otra de las vacunas de la COVID-19.Sin duda es un riesgo significativamente menor que el que corrimos muchos de los que ya somos mayores cuando en nuestra ya lejana infancia nos vacunaron con las vacunas de esa época.Podemos entender mejor el riesgo que corremos al vacunarnos con AstraZeneca si lo comparamos con el riesgo de alguna de nuestras actividades diarias.

Asumamos que la vacuna de AstraZeneca produce trombos en 2 de cada 100.000 vacunados, que es una cifra bastante peor que la registrada en Alemania. Aceptemos también que algunos de quienes sufran esos trombos deberán ser tratados hospitalariamente. Y unos pocos morirán. Parece muy grave. Pero ¿lo es en realidad?Sin duda es muchísimo más peligroso probar una nueva comida que vacunarse con AstraZeneca.En nuestros países como México, España, Cuba… 57 personas de cada 100.000 sufren al año un shock anafiláctico muy grave simplemente por comer. Alimentos tan corrientes como el pescado, el marisco, la fruta y los frutos secos están entre los productos que causan buena parte estas anafilaxis.Quienes las padecen acaban en las urgencias de un hospital. Los que no llegan a tiempo a menudo fallecen (y algunos de los que llegan a tiempo, también).Sin embargo nadie renuncia a probar un nuevo pescado o una fruta exótica, por miedo a morirse pese a que tiene 48 veces más probabilidad de que estos alimentos le maten a que lo haga la vacuna de AstraZeneca, incluso en el caso de que sus efectos adversos fueran en realidad tan altos como 2 casos de trombos de cada 100.000, que no lo son.}

Se nos recomienda que tras vacunarnos con AstraZeneca debemos tomar un medicamento AINE (anti inflamatorio no esteroideo) como el Paracetamol. Pero tomar estos medicamentos es muchísimo más peligroso que vacunarse con AstraZeneca.En España alrededor de 60 personas de cada 100.000 sufren un shock anafiláctico grave debido a alergias a medicamentos, en su mayoría a los AINES, como el paracetamol y a algunos antibióticos. Cinco veces más que los 1,2 casos por 100.000 habitantes que desarrollan trombos tras la vacuna de AstraZeneca.Eso significa que morirá más gente por los efectos adversos de medicamentos “de toda la vida” (como el Parcetamol) que se tomarán después de vacunarse para no tener dolores, que como resultado de problemas provocados por la vacuna de AstraZeneca. Lo que sí parece olvidar todo el mundo es que en un año la COVID-19 produjo hasta ahora 75.783 muertos según las cifras oficiales del Ministerio de Sanidad (y más de 92.000 según el exceso de muertes del INE), mientras que los vacunados no enferman con síntomas graves, no van a las UCIs y no mueren. El pasado miércoles, 7 de mayo, me vacunaron con AstraZeneca en Cancún, como a todos los mayores de 60 años de la Supermanzana 84 y del Fraccionamiento Bahía Azul. No tengo dolor ni malestar alguno. No tomé AINES. Ni tuve la más mínima preocupación. Sabía que tenía más posibilidades de sufrir daños en las colas que proliferaban en el Deportivo de Jacinto Canek que por culpa de la vacuna de AstraZeneca que administraban médicos y enfermeras capaces y competentes. Cerca de mí proliferaban algunos quisquillosos, más que quisquillosas, dedicados a criticar la organización de vacunar a miles de ciudadanos, tarea nada sencilla.

Sobre cuál puede ser la causa de las sospechas, acusaciones, suspensiones, aplazamientos… de la AstraZeneca tan difíciles de entender desde el punto de vista científico, no tengo respuesta. No me compete a mí buscarla y tampoco sabría cómo hacerlo. Hay magníficos periodistas especializados que seguro investigarán y nos contarán la razón de un sinsentido que puede costar vidas. No debemos olvidarnos que nuestro Quintana Roo no es un territorio aislado, sino todo lo contrario. Estos días de Semana Santa y Pascua hemos recibido más de 600 mil turistas nacionales e internacionales. Estos últimos nos visitan desde Estados Unidos, en un 80%. La acelerada vacunación que ha promovido el nuevo presidente demócrata JoeBiden en sus ‘Primeros 100 días de Mandato’ y la aplicación de vacunas en suelo norteamericano a muchos mexicanos que residen en el centro y norte de la República Mexicana, están ayudando a nuestra Salud Pública de los turísticos Cancún, Playa del Carmen, Isla Mujeres, Bacalar, Cozumel, Chetumal, Tulum… Es preocupante lo que está ocurriendo en Brasil, mejor dicho por lo que no está ocurriendo. Tenemos la suerte de que en Cuba el presidente Miguel Díaz-Canel está aplicando toda una política opuesta contra la pandemia y sus rebrotes.

La CNN destacaba estos días el que Brasil continúa marcando hitos sombríos en su lucha contra el coronavirus. El país vivió su día más mortífero desde el inicio de la pandemia este pasado martes, con un récord de 4.195 nuevas muertes por COVID-19. Marzo fue el mes más mortífero para el país desde el inicio de la pandemia, con 66.573 muertes registradas. Con casi 337.000 muertes en total y casos totales que superan los 13 millones, Brasil ocupa el segundo lugar después de Estados Unidos en términos de casos. También representó aproximadamente un tercio, alrededor del 28%, del total de muertes mundiales desde el 21 de marzo, según datos de la Universidad Johns Hopkins. Las tasas de ocupación de UCI en casi todos los estados son del 80% o más, según las autoridades locales. Sin embargo, solo el 2,42% de la población total de Brasil ha sido completamente vacunada, según la Universidad Johns Hopkins. El presidente ignora a quienes lo llaman “genocida”. Jair Bolsonaro, un escéptico del coronavirus desde el inicio de la pandemia, continúa negándose a implementar medidas de seguridad a nivel nacional. El miércoles, un día después de que Brasil informara el número récord de muertes, Bolsonaro volvió a criticar la adopción de medidas restrictivas para detener la propagación del COVID-19 en su país y dijo que no habrá un bloqueo nacional. “Buscaremos alternativas, no aceptaremos la política de ‘quedarse en casa’ y cerrar todo. El virus no se irá. Este virus, como otros, llegó para quedarse, y permanecerá de por vida. Es prácticamente imposible erradicarlo”, dijo Bolsonaro. Este desestimó las acusaciones de “genocida” por no tomar las medidas adecuadas para abordar la crisis. “¿De qué no se me culpan aquí en Brasil?”. Un nuevo informe de la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz) publicado el martes dice que solo una orden de confinamiento nacional con una duración mínima de dos semanas podría frenar la rápida propagación de casos de coronavirus en todo el país. “Las medidas de confinamiento son un remedio amargo, pero son absolutamente necesarias en tiempos de crisis y colapso del sistema de salud como el que vive el país. Solo esto evitará más muertes y salvará vidas de manera efectiva”, dice el informe de la Fiocruz.

El escenario se complica día a día en Cuba durante la tercera ola de la epidemia de coronavirus, más aún en La Habana, donde se concentran la mayoría de los casos y las autoridades consideran “alarmante” la situación. Con las vacunas cubanas todavía en última fase de ensayos clínicos y el agobiante incremento de la presión sobre hospitales y centros de salud, en estos momentos con 25.000 ingresados, entre enfermos y pacientes sospechosos o en vigilancia por COVID-19, los primeros días de abril han superado los peores pronósticos: desde hace una semana, el promedio es de casi 1.100 casos diarios, un 31% más que al cierre de marzo.En la capital cubana, la tasa de incidencia en los últimos 15 días es de 343 casos por cada 100.000 habitantes, más del triple que en el resto de la isla. “Alarmante inicio de abril, con promedio diario de más de mil casos, la mayoría en La Habana. En próximas horas habrá medidas de cierre más drásticas, como ante el primer rebrote de covid-19”, anunció el presidente cubano Miguel Díaz-Canel, en un mensaje de Twitter.

Díaz-Canel aseguró que la “baja percepción de riesgo es el mayor peligro”, y advirtió que pasaran meses para que las vacunas cubanas estén listas para su uso masivo y “Cuba quede completamente inmunizada”. Según el presidente cubano, ya 90.000 voluntarios participantes en la tercera fase de los ensayos clínicos han recibido la segunda dosis de Soberana 02 y Abdala (las candidatas cubanos más avanzadas), y decenas de miles de personas más participan en “estudios de intervención controlada”, aunque, dijo, ahora “no basta con poner el hombro” sino que se trata de “poner actuación responsable”. “Por el bien de nuestras familias y de la Patria: distanciamiento, higiene y mascarillas”, recomendó.Cuba acumula 81.640 contagios y 440 muertos desde el inicio de la epidemia, cifras que siguen siendo bajas en comparación con otros países del área como República Dominicana (más de 250.00 contagios y 3.300 muertos), Panamá (356.000 infectados y 6.100 muertes) o México (2.445.000 casos y 200.000 fallecidos). Sin embargo, para la isla caribeña, que durante los primeros nueve meses de la pandemia fue modelo de control y buen manejo de la epidemia -hasta el 1 de enero de 2021 Cuba registró sólo 12.056 casos positivos y 146 fallecidos-, el gran incremento de la propagación del coronavirus en las últimas semanas es algo extraordinario que ha hecho saltar todas las alarmas.

Las cifras de enfermos comenzaron a crecer exponencialmente a partir de mediados de diciembre, tras la reapertura de los aeropuertos y la llegada de decenas de miles de viajeros, en su mayoría cubanoamericanos que llegaron a visitar a sus familias. Las autoridades achacan el rebrote a la relajación de los protocolos de seguridad y de las medidas preventivas de salud y de distanciamiento social, tanto de los particulares como de las instituciones, lo que ha provocado que 10 de las 15 provincias cubanas que habían avanzado hacia la normalidad hayan regresado a la fase epidemiológica, entre ellas La Habana.Desde hace dos meses, en la capital cubana rigen diversas medidas restrictivas y de contención, que incluyen el cierre de los bares, restaurantes, lugares de ocio y playas, la suspensión de todas las actividades docentes, el toque de queda a partir de las nueve de la noche y la limitación del horario del transporte público. Se ha reducido además la llegada de vuelos desde países con tasas altas de propagación de la epidemia y es obligatoria la cuarentena en hoteles para los turistas o el aislamiento obligatorio en centros estatales para los contactos de casos confirmados.

‘El jardinero fiel’ es una novela publicada en 2001 por el escritor británico John Le Carré. En 2005 se estrenó la película homónima, protagonizada por Ralph Fiennes, y estaría inspirada en unos ensayos farmacéuticos llevados a cabo en niños nigerianos en 1996. Esta inquietante obra de John Le Carré comienza con el asesinato de TessaQuayle, una mujer joven y bella, cerca del lago Turkana, en el norte de Kenia, cuna de la especie humana. Su supuesto amante africano y compañero de viaje, un médico al servicio de una ONG, ha desaparecido del escenario del crimen. El marido de Tessa, Justin, aficionado a la jardinería y diplomático destinado en la embajada británica de Nairobi, emprende su particular odisea para descubrir a los asesinos y sus motivos. Sus indagaciones lo llevan al Foreign Office de Londres, a varios países de Europa, a Canadá y de nuevo a África, a lo más profundo del sur de Sudán y, por último, al lugar mismo en que Tessa murió. En el camino encuentra terror, violencia, situaciones cómicas, conspiraciones e información. Pero su mayor descubrimiento es la mujer a la que apenas tuvo tiempo de amar. Escrita por uno de los narradores más convincentes y elegantes de nuestro tiempo, El jardinero fiel es la conmovedora historia de un hombre ennoblecido por la tragedia, y una magnífica exploración de la cara oculta del capitalismo desenfrenado.

Nigeria sentó ante los tribunales a la primera multinacional farmacéutica del mundo por unos hechos en los que John Le Carré se inspiró para escribir una implacable crítica contra los laboratorios en ‘El jardinero fiel’. El juez de la Corte Suprema Federal de Abuja cuestionó el ensayo clínico que Pfizer hizo en el país africano. Todo se parecía  se parecía a la trama del thriller protagonizado por Ralph Fiennes, en 2005. En la balanza estuvieron la confianza pública de África en estos estudios clínicos, la propia reputación de las grandes compañías y una indemnización millonaria de 7.000 millones de dólares. Los sucesos denunciados se remontan a 1996. Nigeria estaba siendo sacudida por una virulenta epidemia de meningitis que afectó a miles de personas en la región de Kano, al norte del país, que se cobró la vida de 25.000 personas en la zona conocida como el cinturón de la meningitis africano, que va desde Senegal y Gambia al oeste hasta Etiopía al este. Pfizer acometió entonces un ensayo clínico en niños de un nuevo antibiótico inyectable (Trovan), que estaba en la última fase de desarrollo. Pero lo hizo, según las autoridades nigerianas, sin el consentimiento informado escrito de los voluntarios, manipulando datos y pasando por alto la autorización del comité ético nigeriano y del hospital donde se hicieron los ensayos. Pese a que el antibiótico se evaluó antes en 5.000 pacientes, el resultado del ensayo -ya conocido como el Test de Trovan de Kano- se saldó con la muerte de once niños y graves malformaciones físicas y mentales en otros 200, lo que se juzgó 11 años después.Los cargos de la acusación penal fueron de conspiración criminal y homicidio de inocentes.

El laboratorio estadounidense, fabricante del popular Viagra, se enfrentó además a una millonaria demanda civil de 7.000 millones de dólares. La farmacéutica alegó que Trovan salvó al menos a 200 niños y logró la tasa más alta de supervivencia -94,4 por ciento- de todos los tratamientos disponibles en el Hospital de Enfermedades Infecciosas de Kano. También aseguraba que el ensayo se hizo con “el pleno conocimiento” del Gobierno, de los afectados y de una forma “responsable y ética” que respondía a una petición de ayuda internacional. Para Pfizer las acusaciones de las autoridades de Nigeria eran “falsas”, como señaló su portavoz en Nueva York, Bryant Haskins. Los hechos abrieron una brecha entre la confianza de los ciudadanos nigerianos en el sistema de salud y las organizaciones sanitarias. La región de Kano se negó, por ejemplo, a tomar parte del último programa de vacunación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) contra la polio debido a esta desconfianza hacia la medicina occidental. Desconfianza que alimentan la corrupción rampante en forma de falsificaciones y las dudas sobre los medios utilizados por las grandes multinacionales para combatir las enfermedades que asolan el continente. Como también era inevitable, se puso en el disparadero a las grandes multinacionales farmacéuticas. Desde que este caso saltó a los medios a través de The Washington Post en el año 2000, Pfizer se encuentra sometida a una especial vigilancia y mucha presión. El doctor Jean-HervéBradol, presidente de Médicos Sin Fronteras, teme además que la demanda de Nigeria pueda “desanimar a las multinacionales a la hora de emprender ensayos clínicos de sus medicamentos en África, lo que es de vital necesidad para millones de enfermos”.

Aunque HervéBradol rehúsa comentar la actuación de Pfizer, sí señala que un equipo de Médicos Sin Fronteras presente en la región de Kano en 1996 cuestionó que el laboratorio hiciera ensayos clínicos en medio de una gran epidemia de meningitis. Una situación así “exigía el uso de protocolos de tratamiento conocidos para ser eficaces, en lugar de ensayos de un nuevo antibiótico de resultados inciertos”, asegura. El caso ha servido también para revisar los ensayos clínicos en personas que las farmacéuticas hacen para probar la seguridad y eficacia de sus nuevas moléculas contra las enfermedades que sacuden África, como el sida, la tuberculosis, la malaria y las enfermedades tropicales.Sólo una mínima parte de estos ensayos se llevan a cabo en estos países. De los 5.885 ensayos registrados por las empresas estadounidenses en el mundo, sólo 213 tienen lugar en África. Pero la tendencia está cambiando y las multinacionales han comenzado a desplazar sus investigaciones hacia los países emergentes para reducir costes en el reclutamiento de voluntarios. Y es que el lanzamiento de un nuevo medicamento puede costar 700 millones de euros. La consultora McKinsey calcula que en los próximos años las grandes firmas farmacéuticas invertirán entre 1.000 y 1.500 millones de dólares en estudios clínicos en India. Para curarse en salud también han introducido mayor transparencia y permitido el acceso a los principales datos de los estudios que hacen las farmacéuticas a través de un portal desarrollado por la patronal de la industria farmacéutica mundial IFPMA. ¿Cómo alejar sospechas de los ensayos? Una de las reglas de oro para alejar cualquier sospecha sobre estos ensayos es el consentimiento informado de los voluntarios que se someten a estas pruebas. La Declaración de Helsinki establece que el consentimiento debe ser “formalmente documentado y atestiguado”. El problema es que se trata de personas muchas veces analfabetas y que se limitan a firmar en la línea de puntos para obtener una ganancia a un precio muy alto. Los investigadores aconsejan extremar el rigor y el compromiso de las compañías que realizan los ensayos. También solicitan que las pruebas reúnan unas condiciones mínimas y que estén bajo control de comités éticos de investigación clínica de los países involucrados. El compromiso de las grandes farmacéuticas con los objetivos fijados en la Agenda del Milenio para reducir la pobreza se calcula en 4.400 millones de dólares invertidos en programas de ayuda y de desarrollo de nuevos medicamentos en África, según los últimos datos de IFPMA. Un dinero que ha servido para ayudar a 539 millones de africanos.

Pero no es suficiente. Médicos Sin Fronteras critica que el objetivo de las multinacionales no sean las enfermedades de los países pobres. Entre 1975 y 2004, sólo 20 de los 1.556 nuevos medicamentos lanzados al mercado apuntaba al tratamiento de las enfermedades infecciosas y parasíticas. No obstante, las principales firmas farmacéuticas estuvieron presentes en los programas de investigación contra el SIDA que impulsa la ONU, como Abbott, BoehringerIngelheim, Bristol Myers Squibb, GSK, Merck, Wyett o Roche; la malaria (Novartis, GSK, Pfizer o Sanofi-Aventis); la tuberculosis (AstraZéneca, GSK, Novartis, Bayer o Sanofi Aventis); o las enfermedades tropicales (GSK, Pfizer, Schering-Plough). Además, se ha estrechado la colaboración público-privada para cubrir las lagunas de la empresa privada. Es el caso del sida (the International AIDS VaccineInitiative), la malaria (Medicine for Malaria Venture) o la tuberculosis (Global Alliance for TB DrugDevelopment). La Comisión Europea ha aportado 200 millones de euros a estos proyectos. La Fundación Bill & Melinda Gates es otra de las instituciones volcadas y ha subvencionado con decenas de millones de dólares el programa de desarrollo de una vacuna contra la malaria que lidera el equipo del científico español, Pedro Alonso.

El novelista británico David Cornwell, conocido en todo el mundo como John Le Carré, falleció a finales del 2020 en Cornualles, Reino Unido, tras una breve enfermedad sin relación con el COVID, según informó en su cuenta de Twitter el que fuera su agente literario, JonnyGeller. “Carré fue indisputablemente un gigante de la literatura inglesa. Definió la era de la Guerra Fría y dijo sin miedo la verdad al poder en las décadas que siguieron” recalcó Geller en un breve comunicado. Sus propias vivencias como espía fueron la base en que el británico se inspiró para muchas de sus obras, que explicaron como pocos las tensiones que atravesó el mundo durante la Guerra Fría, la época en que ambientó muchos de sus relatos de suspense y espionaje. La tercera novela de Le Carré, ‘El espía que surgió del frío’ (1963), logró un enorme éxito y le convirtió en “el más famoso escritor de espías en el mundo”, en palabras de Geller. Tanto esta obra como ‘El topo’ (1974) incluían al agente George Smiley, que fue probablemente su más celebre creación y contó con una serie propia, y fueron adaptadas exitosamente al cine. ‘Un espía perfecto’ (1986) es, para muchos, su obra maestra; mientras que su última publicación fue ‘Un hombre decente’ (2019). ‘El jardinero fiel’ (2001), ‘La chica del tambor’ (1983) o ‘La Casa Rusia’ (1989) fueron otras de sus obras más celebradas.

El mundo de los espías no hubiera sido lo mismo sin IanFlemming y John le Carré (alias de David John Moore Cornwell). Dejó un legado de 25 novelas en los que su agente George Smiley puso algo de luz a ese mundo de tinieblas que fue el enfrentamiento, tras la derrota del nazismo de Adolf Hitler y el fascismo de Benito Mussolini, que protagonizaron la Unión Soviética y Estados Unidos y sus modelos intocables de comunismo y capitalismo. Su infancia quedó tremendamente marcada porque su madre se fugó con un agente de seguros cuando David tenía cinco años y porque su padre, Ronnie, entraba y salía constantemente de prisión por fraude o robo. Si el dinero abundaba en casa, David y su hermano mayor se paseaban en un Bentley por la ciudad o disfrutaban de los lugares más selectos del planeta, como el club deportivo de Montecarlo. Ronnie estaba obsesionado con codearse con celebridades y aposentarse en la selecta vida de la alta sociedad. Sin embargo, cuando venían las malas rachas, tocaba apechugar y vivir con lo estrictamente necesario. La relación con su padre le enseñó a Le Carré cuáles eran los valores éticos más adecuados. Hombre inteligente, trabajador, discreto y elegante, ejerció como profesor en el elitista colegio de Eton, donde estudiaron los príncipes Guillermo y Enrique de Inglaterra, o el primer ministro Boris Johnson, a quien el escritor detestaba profundamente por la “idiotez” del Brexit. Tras ejercer durante casi dos décadas como espía para el M15, se volcó de lleno en la literatura. Gracias al éxito de sus libros dejó a su familia una fortuna calculada en algo más de 80 millones de euros. Al destacado autor le encantaba pasear por los acantilados de su casa en Penzance (Cornualles) y disfrutar de una vida sosegada en su mansión de Hampstead, una de las áreas más exclusivas de Londres plagada de mansiones en las que han vivido Elizabeth Taylor o Sigmund Freud.

Se casó en dos ocasiones. La primera con Alison Sharp en 1954, con quien tuvo tres hijos, Simon, Stephen y Timothy, y a quien le fue infiel con la esposa del novelista James Kennaway. A pesar de ser un gentleman y de haber estudiado en internados exclusivos, en 1971 despachó a su esposa con una nota cortante desde la soleada California: “Creo que debemos disolver nuestro matrimonio”. Al año siguiente se casó con la editora ValérieEustace, con quien tuvo otro varón, Nicholas. Le encantaba el anonimato y rehuida de los ambientes banales. Siempre renegó de los títulos otorgados por la reina Isabel II, apenas frecuentaba las fiestas literarias y en el viral 2020 se alojó en un pequeño hotel de la sierra de Tramuntana en Mallorca, en el Mediterráneo español, para promocionar su última novela, ‘Un hombre decente’.

En una entrevista con ‘TheSunday Times’, el novelista admitió que estuvo tentado de pasarse a la Unión Soviética cuando trabajó como espía para el Gobierno del Reino Unido durante la Guerra Fría, no por razones ideológicas, sino por la curiosidad de saber qué había al otro lado del Telón de Acero. “Cuando espías intensamente y te acercas más y más a la frontera… parece un paso tan pequeño… para, ya sabes, averiguar todo lo demás”, explicó. “Es con gran tristeza que debemos confirmar que David Cornwell —John le Carré— falleció de una neumonía la noche del pasado sábado tras una corta batalla con la enfermedad”, comenzaba el mensaje compartido por el agente literario en nombre de la familia del autor. Su esposa durante casi 50 años, Jane, y sus hijos Nicholas, Timothy, Stephen y Simon expresaron de esta forma su “grave aflicción” por el fallecimiento, además del agradecimiento a los sanitarios que le atendieron. “Representé a David casi 15 años. He perdido a un mentor, una inspiración y, más importante, un amigo. No veremos a otro como él”, concluía el comunicado deJonnyGeller. Nos advirtió a las generaciones de los siglos XX y XXI del ‘Big Pharma’, de las Farmacéuticas en su bestseller, ‘El jardinero fiel’.

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