La otra ‘Guerra de los Mundos’

  • Emiratos Árabes, Estados Unidos y China envían naves para invadir Marte, el Planeta Rojo…

EL BESTIARIO

POR SANTIAGO J. SANTAMARÍA GURTUBAY

Neil Armstron dijo su frase inmortal, aquella que sus guionistas de la NASA le prepararon sobre un paso pequeño para un hombre y un gran salto para la humanidad. Hace más de medio siglo fue el primer hombre en pisar la Luna. Hoy la hubieran escrito los ‘currelas’ guionistas de Netflix. Neil Armstrong pronunció otra secreta locución: “Buena suerte míster Grabowsky”. Nadie supo en aquellos momentos qué significaban aquellas palabras. Estamos cerca del noveno aniversario de la muerte de este astronauta norteamericano, ocurrida el 25 de agosto de 2012, en Cincinnati, Ohio, logramos descifrar lo que pareciera un mensaje de pura criptología cubana. Neil, jugaba al fútbol con sus amigos de su natal condado de Auglaize. El árbitro había marcado penalti. Armstrong ejecutó la máxima pena. Fue tal la fuerza que metió el gol, pero la pelota rompió las redes y fue a parar a la casa de los Grabowski. Rompió la luna principal de la casa. En aquellos precisos instantes los Graboswski protagonizaban una disputa conyugal sexual. El fogoso míster Grabowsbi pretendía, en vano, desde horas atrás, hacer el amor con su asexuada esposa. Al entrar el balón enviado por el niño Neil, el hombre hizo caso omiso, obsesionado con sus quereres… Su esposa, a la defensiva, no le dio importancia tampoco al accidente doméstico. No obstante, pronunció una frase premonitoria… “Para que lo sepas míster Grabowski, haremos el amor cuando Neil suba a la luna”. Décadas después aquel infante pisó el único satélite natural de la tierra. Neil Armstrong no se había olvidado de la extraña actitud de sus vecinos, quienes le devolvieron el balón y nunca reclamaron  el arreglo de su vidrio roto. “Buena suerte míster Grabowski” fue la expresión más humana del primer terrícola en pisar la Luna.

Alérgico a la fama hasta el punto de dejar de firmar autógrafos cuando supo que luego se vendían por astronómicas cifras económicas, Neil Armstrong posiblemente se sonrojaría ante el sinfín de muestras de respeto, halagos y condolencias hacia su familia tras conocerse su muerte. Aunque él huyera de esa etiqueta, Armstrong fue recordado por el ex presidente Barack Obama como lo que fue: “El mayor héroe que ha dado Estados Unidos, y no solo de su tiempo, sino de todos los tiempos”, expresó el antecesor del ‘marciano’ Donald Trump. Neil regresó a la luna 43 años después. Allí se fue a ‘encontrar’ con Elíades Ochoa, guajiro trovador santiaguero, quien decidió -todavía no de forma definitiva- instalarse allí. Va y viene a la tierra cuando le llegan las vacaciones y las actuaciones. Meses atrás estuvo por España y Europa y Nueva York con Buenavista Social Club. No se olvida, en sus ‘días libres’ de Cancún y el Caribe Mexicano… Era fanático de las tertulias después de una comida cubana, en el restaurante ‘Mamainés’ en pleno Yaxchilán de nuestra ciudad, en torno a un café Serrano y un ron Havana Club añejo 7 años.

Mientras Neil Armstrong terminaba de ‘acomodarse’ en la Luna, Elíades acaricia, araña y da piquetas a las cuerdas como para afinar su guitarra en los tonos ‘eliadescos’, esos que suenan a alegría con granitos de sal de lágrimas, suelta una introducción animosa. “El clima está cambiando en el mundo, porque le hemos hecho mucho daño a la tierra, a los paisajes… Escribí esta canción ‘A la luna me voy’ precisamente por ese motivo, porque tenemos un plantea herido… Extraño la frescura del clima, las palmeras…”. Y arranca ante la admiración de su amigo Neil: “Quiero irme a la Luna, ya tomé mis decisiones, voy a vivir a la Luna, ya tomé mis decisiones. Que pronto volveré a la Tierra, cuando esté de vacaciones, sólo volveré a la Tierra, cuando esté de vacaciones. Eeeeh eh eh, a la Luna yo me voy. Ehhh me voy me voy, a la Luna yo me voy. Me llevo para la Luna, la alegría santiaguera, me llevo para la Luna, la alegría santiaguera, el amor de mi guajira, y el verde de mis palmeas/Yo me voy, yo me voy pa’la luna/A la luna yo me voy”.  Los historiadores insisten en que la luna no ha sido visitada desde 1973. Esta columna pretende demostrarles que no es cierto del todo… La próxima vez que anden por la calle en una noche de Luna y esta les sonría, piensen en Neil y Elíades y háganles un guiño. Ese mismo día recibirán un mensaje en su Twitter, desde la Luna de la solidaridad entre los pueblos de Estados Unidos y Cuba…

Donald Trump convirtió su primer discurso en un 4 de Julio, en el monumento a Abraham Lincoln en Washington, en el primero que un presidente daba en décadas en el Día de la Independencia, en una fiesta de exaltación patriótica en la que ensalzó todo de tipo de gestas y héroes de sello estadounidense: desde la invención de la bombilla a la del jazz, de la derrota del nazismo a la llegada a la Luna. Sobre esto último volvió a prometer: “Iremos pronto de nuevo a la Luna, y también vamos a poner la bandera en Marte pronto. Para los estadounidenses nada es imposible”, arengó, tras celebrar la creación de Cruz Roja, el voto de las mujeres o la celebración de la Super Bowl. “Mientras nos mantengamos leales a nuestra causa y recordemos nuestra gran historia, y mientras no dejemos de luchar por un futuro mejor, no habrá nada imposible que América pueda hacer”, dijo. “Nunca olvidéis que somos estadounidenses y el futuro nos pertenece”, remató al final, entre ruidos de aviones y otros cachivaches militares. La historia no es el fuerte de Donald Trump. Durante su discurso Salute to America (que se puede traducir como saludo u homenaje a Estados Unidos), hablaba del año 1775 cuando dijo: “Nuestro Ejército controló el aire, embistió las murallas, tomó el control de los aeropuertos, hizo todo lo que tenía que hacer”. En un intento de explicar el lapsus, volvió a la carga en Twitter con uno de sus ‘fake news’: “Era difícil leer el teleprompter -apuntador electrónico- con la lluvia”. En aquel momento antihistórico en la histérica concentración, ya no caía agua del cielo en la capital norteamericana.

Abraham Lincoln (Kentucky, 12 de febrero de 1809 – Washington D. C., 15 de abril de 1865) fue un político y abogado, afiliado al Partido Republicano,  que ejerció como decimosexto presidente, desde el 4 de marzo de 1861 hasta su asesinato. Lideró a Estados Unidos durante la guerra de Secesión, el conflicto más sangriento y quizás también la mayor crisis moral, constitucional y política que ha sufrido la nación. Al mismo tiempo, preservó la Unión, abolió la esclavitud, fortaleció el gobierno federal y modernizó la economía. El Lincoln Memorial es un monumento  cuyo edificio tiene forma de templo griego dórico, y tiene una gran escultura de Abraham Lincoln sentado e inscripciones de dos conocidos discursos de Lincoln. En este monumento han tenido lugar muchos discursos importantes, incluyendo el de Martin Luther King y “Yo tengo un sueño”, que fue pronunciado el 28 de agosto de 1963 durante la manifestación al final de la Marcha en Washington por el Trabajo y la Libertad. El Monumento a Lincoln se unió a la lista del Registro Nacional de Sitios Históricos el 15 de octubre de 1966. Está abierto al público desde las 8 de la mañana hasta medianoche todo el año, salvo el día 25 de diciembre. Donald Trump nunca pudo elegir un escenario tan inapropiado para ensalzar a su Ejército en la ‘toma de control de los aeropuertos’, de una forma ‘vanguardista’ desde hace dos siglos y medio…

La capacidad histriónica del ex primer mandatario, el de los aranceles a China, Unión Europea, Rusia, India, incluidos a sus dos socios como son México y Canadá, le ‘trasladó’ hasta 1775, fecha en la que se produjo la Invasión de Canadá, la primera gran iniciativa del recién formado Ejército Continental durante la guerra de Independencia de los Estados Unidos. El objetivo de la campaña fue obtener el control militar de la provincia británica de Quebec y convencer a los canadienses franco-parlantes de unirse a la revolución en el bando de las Trece colonias. Una de las expediciones marchó desde el fuerte Ticonderoga bajo el mando de Richard Montgomery, capturó el fuerte St. Johns y casi logra capturar al general británico, Guy Carleton, al tomar Montreal. La otra expedición dejó Cambridge, Massachusetts bajo Benedict Arnold, y viajó con gran dificultad a través de los bosques de Maine hacia la ciudad de Quebec. Las dos fuerzas se unieron ahí, pero fueron derrotadas en la batalla de Quebec en diciembre de 1775. Donald Trump todavía se pregunta por qué se olvidaron de los aeropuertos… Abraham Linconl carcajea sin parar en sus noches de soledad en el National Mall, Explanada Nacional.

En la noche del 21 de julio de 1969, la Luna sufrió la llegada de ‘The Invaders’, no muy diferentes a los protagonistas de la serie de televisión estadounidense de ciencia ficción y aventura, emitida por la Cadena televisiva ABC. Los diálogos de los exploradores eran hasta lunáticos, parecieran plagiados de los libretos de ‘Los Invasores’: “Este es un pequeño paso para el hombre. Un salto gigantesco para la humanidad”. Los extraterrestres eran semejantes en apariencia a la especie humana salvo por una frecuente rigidez característica de los dedos meñique que les impide doblarlos. Apolo 11 fue una misión espacial tripulada de Estados Unidos cuyo objetivo fue lograr que un ser humano caminara en la superficie de la Luna. La misión se envió al espacio el 16 de julio de 1969, llegó a la superficie de la Luna el 20 de julio de ese mismo año y al día siguiente, 21 de julio, logró que dos astronautas (Armstrong y Aldrin) caminaran sobre la superficie lunar. El Apolo 11 fue impulsado por un cohete Saturno V desde la plataforma LC 39A y lanzado a las 13:32 UTC del complejo de cabo Kennedy, en Florida (EE UU). Oficialmente se conoció a la misión como AS-506. La misión está considerada como uno de los momentos más significativos de la historia de la Humanidad y la Tecnología. El 21 de julio del 2021, se cumplen 52 años de aquella hazaña. La tripulación del Apolo 11 estaba compuesta por el comandante de la misión Neil A. Armstrong, de 38 años; Edwin E. Aldrin Jr., de 39 años y piloto del LEM, apodado Buzz; y Michael Collins, de 38 años y piloto del módulo de mando. La denominación de las naves, privilegio del comandante, fue Eagle para el módulo lunar y Columbia para el módulo de mando.

¿Por qué tres misiones espaciales de tres países diferentes llegarán al planeta rojo, a Marte, casi al mismo tiempo? Este mes de febrero del 2021, cuando los laboratorios farmacéuticos son incapaces de surtir de vacunas a la Tierra contra el COVID-19, será un mes decisivo para la exploración de Marte. Y es que en los próximos días, se espera que tres sondas espaciales lleguen al planeta rojo para estudiar su geología, su atmósfera y buscar posibles signos de vida, como bacterias. La primera misión que alcanzará el planeta es Hope, enviada por Emiratos Árabes Unidos, se pronostica que entrará en contacto con la atmósfera marciana este martes 9 de febrero. Dos días más tarde, llegará la misión Tianwen-1 de China y la Perseverance, de la NASA, aterrizará el 18 de febrero. La cercanía de fecha se debe a que las tres misiones aprovecharon una ‘ventana’ que ocurre cada cierto tiempo en la que la distancia entre Marte y la Tierra es menor.

La carrera por la conquista del espacio comenzó hace más de 60 años y, sin embargo, sigue estando más presente que nunca. En verano de 2020, se lanzaron tres naves desde la Tierra con dirección al planeta vecino rojo, Marte, con el objetivo de analizar si alguna vez hubo vida en este astro. Estados Unidos, China y, por primera vez, Emiratos Árabes Unidos van a acometer la difícil tarea de explorar Marte con la llegada en los próximos días de sus naves. Para que las naves lleguen hasta allí primero deben despegar dentro de una ventana establecida, ya que ambos planetas giran alrededor del Sol en diferentes órbitas y a distintas velocidades. De hecho, a las tres expediciones se les iba a sumar una cuarta, de la Agencia Espacial Europea en colaboración con la Agencia Espacial Rusa, pero esta expedición se acabó retrasando. Las tres en marcha deberán enfrentarse a una tasa de éxito de menos del 50% desde que comenzaran las misiones marcianas en los años 60.

Con el 50 aniversario del país (2 de diciembre de 2021) en mente, los emiratos se marcaron el objetivo de llegar a Marte, lo que significa la primera expedición a otro planeta de un país árabe. Su nave llamada ‘Hope’ (Esperanza, en inglés) pretende colocarse en la órbita del planeta durante dos años y producir un mapa meteorológico completo del planeta. Con científicos con experiencia previa en la NASA, la apuesta de Estados Unidos también es política ya que busca “generar un cambio en la cultura del conocimiento en su propio país impulsando las titulaciones de ciencias puras” habiéndose “inaugurado cinco nuevos cursos de pregrado en este tipo de materias en las Universidades del país”.

La gran potencia espacial junto a la extinta Unión Soviética es el único país que ha conseguido posar un vehículo móvil en Marte en toda la historia. La nueva misión, llamada ‘Perseverance’ (Perseverancia, en inglés), es similar al Curiosity, el vehículo que lleva explorando la superficie marciana desde el año 2012, pero con mejoras, siendo la más destacada de ellas un helicóptero de pequeño tamaño que explorará el terreno “a vista de pájaro”. El objetivo principal es “encontrar pistas que ayuden a los científicos a desvelar cuestiones como si alguna vez Marte albergó vida” y el coste de la misión ha sido de 2.600 millones de euros. Lo más complicado es el aterrizaje, ya que este se produce de manera automática a través de “medio millón de líneas de código que determinan todos los pasos (…) el estallido de decenas de elementos pirotécnicos necesarios por ejemplo para liberar cargas o deshacerse del paracaídas”. Es lo que la NASA define como “los siete minutos de terror”.

En apenas veinte años, China se ha convertido en otra potencia espacial. En 2013, se convirtió en el tercer país en hacer aterrizar una nave en la Luna. El año pasado lo hicieron en el lugar más opuesto del satélite, algo inédito hasta entonces. En 2011, China fracasó en su primera tentativa de llegar a Marte en una colaboración con Rusia y ahora lo intenta a solas con la nave Tianwen-1, que significa “búsqueda de la verdad celestial”. A pesar del secretismo, la idea es que un vehículo explorador se pasee por la superficie marciana durante tres meses para buscar “de manera específica, evidencias de agua”. La nave china se dirige a Utopia Planitia, donde existe una “enorme reserva de agua helada en el subsuelo con una capacidad unas 400 veces mayor que todas las cuencas hidrográficas de España”. Aunque la nave llegue ahora en febrero a la órbita de Marte, no se espera el aterrizaje hasta el mes de mayo.

El 30 de octubre de 1938, un joven Orson Welles inició la retransmisión radiofónica que 80 años más tarde todavía se considera como una de las mayores y más grandes ‘fake news’ de la historia de la radio, aunque estudios recientes sugieren que en realidad no hubo tantos crédulos como se había afirmado. La retransmisión sigue siendo considerado uno de los momentos más grandes de la historia de la radio: “Señoras y señores, interrumpimos nuestro programa de baile para comunicarles una noticia de última hora procedente de la agencia Intercontinental Radio. El profesor Farrel del Observatorio de Mount Jennings de Chicago reporta que se ha observado en el planeta Marte algunas explosiones que se dirigen a la Tierra con enorme rapidez… Continuaremos informando”. Era ‘La Guerra de los Mundos’, la invasión de Marte que aterrorizó a América. Hoy, la historia es al revés, la invasión de la Tierra que aterroriza Marte.

A las ocho de la tarde, un principiante Orson Welles –destinado a convertirse en un famoso actor, director, guionista y productor de cine– informaba de que un astrónomo había visto una llamarada azul saliendo de Marte. De esta manera, el joven Welles adaptó el guión de ‘La Guerra de los Mundos’, la obra más emblemática del novelista inglés H. G. Wells, al formato radiofónico, transformándola para crear una historia creíble y radiarla –junto a su compañía Mercury Theatre– en su su programa On the Air, de la CBS. Durante la introducción del programa, se explicó que se trataba de una dramatización basada en la novela del autor británico, pero los oyentes rezagados pensaron que estaban ante una invasión alienígena real. Tras el primer corte, y para dar mayor credibilidad a la noticia, Welles retomó la supuesta emisión de una orquesta desde el Hotel Meridian Plaza de Nueva York con el tema ‘Stardust’, interpretado por Ramón Raquello y su orquesta, para volver a parar a medida que la supuesta invasión extraterrestre se iba produciendo: “Damas y caballeros, tengo que anunciarles una grave noticia. Por increíble que parezca, tanto las observaciones científicas como la más palpable realidad nos obligan a creer que los extraños seres que han aterrizado esta noche en una zona rural de Jersey son la vanguardia de un ejército invasor procedente del planeta Marte”.

Se estima que unos doce millones de personas escucharon la transmisión y muchas cayeron presa del pánico, abandonando sus casas y colapsando carreteras, estaciones y comisarías de policía. Las interrupciones durante el programa eran cada vez más frecuentes y el alarmismo iba en aumento, como prueba la secuencia del periodista Carl Philips desde Grovers Mill, en el estado de Nueva Jersey, donde supuestamente se estaba produciendo el aterrizaje: “Señoras y señores, esto es lo más terrorífico que nunca he presenciado… ¡Espera un minuto! Alguien está avanzando desde el fondo del hoyo. Alguien… o algo. Puedo ver escudriñando desde ese hoyo negro dos discos luminosos… ¿Son ojos? Puede que sean una cara. Puede que sea…”. A pesar de las claras advertencias que los creadores del programa lanzaron durante la transmisión a los oyentes, muchos creyeron en todo momento que la invasión era real.

Los teléfonos de emergencia echaron humo durante varias horas por la multitud de mensajes de personas asustadas que decían haber visto a los extraterrestres. El polémico acontecimiento, tras 59 minutos de emisión, terminaba con la ‘muerte’ del propio Orson Welles –que interpretaba al profesor Richard Pierson– a causa de los gases tóxicos lanzados por los invasores. Aunque esta retransmisión pudo ser el fin de su fulgurante carrera, en realidad fue el inicio de una leyenda. La ficción de la invasión marciana fue recreada con unos trucos tan ingeniosos y con unos efectos especiales de sonido tan bien logrados, que la histeria colectiva continuó a pesar de los cuatro avisos que se fueron emitiendo durante toda la retransmisión informando a los oyentes de que nada de lo que estaba sucediendo era real. Los periódicos del 31 de octubre llevaron la historia a primera plana: “Falso boletín de guerra difunde el terror por todo el país”, ‘Obra radiofónica aterroriza a la nación’, ‘Oyentes de radio entran en pánico, confunden un drama bélico como una crónica real’. Son algunos de los titulares que pudieron leerse de un suceso que hizo correr ríos de tinta en forma de más de 12.000 artículos en periódicos de todo el país. La ficción de la invasión marciana fue recreada con unos trucos tan ingeniosos y con unos efectos especiales de sonido tan bien logrados, que la histeria colectiva continuó a pesar de las advertencias

En algunos puntos se produjeron momentos de gran tensión, como el provocado por unos lugareños de Grover’s Mill cuando dispararon con sus armas de fuego al tanque de agua de su ciudad creyendo se había transformado en una “máquina de guerra marciana gigante”. Hubo al menos una mujer que denunció a Welles y a su equipo por haberle causado un ataque de pánico y un hombre recibió una indemnización del propio Welles, que le pagó unos zapatos a los que el hombre dijo haber renunciado para poder pagar un billete de tren y huir de la invasión alienígena. Se incrementaron las llamadas a hospitales de personas que querían acercarse para donar sangre. Muchos habitantes llamaron asimismo a las comisarías de policía para asegurarse de que se trataba de una falsa alarma. Querían confirmar que todo era una farsa. También hubo quien llamó para protestar por la retransmisión de un programa que podía estar engañando a la gente, pero también algunos lo hicieron para felicitarles por ese magnífico especial.

La histeria colectiva que desató la retransmisión de ‘La Guerra de los Mundos’ demostró el poder de los medios de comunicación de masas, y este curioso episodio también catapultó a la cima la carrera de Welles. No obstante, estudios posteriores han reducido el impacto real del pánico que causó la retransmisión. Una publicación de 1940 de la Universidad de Princeton, dirigida por Handley Cantril, llamada ‘La invasión desde Marte’, concluyó que 1,7 millones de estadounidenses creyeron realmente en la invasión alienígena y 1,2 millones de personas “se asustaron o fueron perturbados”. Sin embargo, a finales de la década de 1990, algunos sociólogos como Robert Bartholomew, de la Universidad James Cook, afirmaron que la extensión del pánico tal como se relató en la obra de Cantril y posteriormente fue “enormemente exagerada”. Por ejemplo, Cantril sólo entrevistó para su estudio a 135 personas. Aunque, no obstante, no se pone en duda que posiblemente decenas de miles de personas en Nueva Jersey y Nueva York estuvieran realmente asustadas y creyeran de verdad que la Tierra estaba siendo invadida por marcianos.

Los sociólogos apuntan hoy en día a que el poder de los medios de información contribuyó a crear el mito posterior de que una gran parte de la población se tomó en serio la invasión alienígena. Orson Welles aceptó con orgullo la gran controversia que se levantó respecto al tema y no quiso desmentirla porque reforzaba la imagen de sí mismo como gran contador de historias y excelente director de cine. Y eso mismo debió de pensar el estudio RKO, que le contrató para realizar su primera película, ‘Ciudadano Kane’. Los hechos que rodearon la retransmisión de ‘La Guerra de los Mundos’ son un ejemplo perfecto para reflexionar, más ochenta años después, en las consecuencias de sobrevalorar un acontecimiento y atribuirle una relevancia que tal vez no tuvo en realidad. Hoy, en tiempos de propagación de noticias falsas por redes sociales, pensar en ello parece volverse más importante que nunca.

¿Por qué los estadounidenses se creyeron la invasión marciana de 1938. Existen dudas acerca del pánico y del porcentaje de la audiencia que se asustó, lo único contrastado es que la centralita de la CBS se vio saturada por las llamadas de los oyentes y que Orson Welles tuvo que improvisar una rueda de prensa. En las vísperas de Halloween de 1938, Orson Welles dio la campanada con su adaptación radiofónica de ‘La Guerra de los Mundo’. La “emisión del pánico” fue estudiada como ejemplo del poder de la radio y de la credulidad de las masas. ¿Qué las predispuso a considerar creíble el escenario estrambótico de un ataque alienígena? “Damas y caballeros, interrumpimos nuestro programa musical para dar un boletín especial”, anunció el locutor. “¡Los marcianos han aterrizado en Nueva Jersey!”. Así comenzaba el parte informativo con el que la compañía de radioteatro de Orson Welles. Aunque no se trataba de fake news, pues de entrada se avisó de que se trataba de una dramatización, el ficticio boletín de la cadena CBS confundió a quienes sintonizaron la emisión empezada. Al día siguiente, 31 de octubre, se dijo que muchos oyentes se envolvieron la cabeza en toallas mojadas para protegerse del gas venenoso de los invasores, otros se escondieron en sus sótanos con escopetas y un gran número de neoyorquinos escapó en coche de su ciudad.

La reacción de la gente parecía refrendar la teoría de la aguja hipodérmica. Sostiene esta que los medios de comunicación masivos (el cine y, sobre todo, la radio) inoculan sus mensajes en la mente del destinatario, logrando que los acepte ciegamente y reaccione en la dirección deseada. Hoy existen serias dudas acerca de la magnitud del pánico y del porcentaje de la audiencia que se asustó; lo único contrastado es que la centralita de la CBS se vio colapsada por las llamadas de los oyentes y que Wells tuvo que improvisar una rueda de prensa al término de la función para aclarar lo sucedido. Es probable que gran parte de las anécdotas referidas fueran leyendas urbanas y que los medios, con afán sensacionalista, inflaran el efecto del programa explotando la creencia en el poder manipulador de la radio, muy extendido a la vista de su rol en el auge del nazismo. El énfasis en la conducta de la audiencia determinó que se prestara escasa atención a la singularidad del mensaje: la invasión extraterrestre. Para la opinión pública este dato era secundario; se presumía que el público crédulo se habría tragado si acaso la noticia de una plaga de gnomos en Central Park o de un desembarco vikingo en Manhattan… ¿Pero realmente le daba igual un escenario que otro?

Responder a la pregunta exige reconstruir el contexto de los hechos. En primer lugar, cabe tener en cuenta la familiaridad del público americano con las especulaciones sobre la presencia de vida en la Luna y demás astros. A finales del siglo XIX, el foco de la atención se depositó en Marte. En 1894, el astrónomo estadounidense Percival Lowell aventuró que una red de canales artificiales cubría la faz del planeta rojo. En los años 60 del siglo siguiente se comprobó que no existía tal red y el supuesto hallazgo pasó a los anales de la astronomía como el “espejismo marciano”. Entre tanto, la presunción de que allí moraba una civilización inteligente mantuvo un gran predicamento. Otro factor era el aura todopoderosa de la radio. En los años 20 del siglo XX, en Estados Unidos se creía que las antenas radiofónicas podían captar señales de otros mundos. En agosto de 1924, a sabiendas que el día 24 de ese mes el planeta rojo y la Tierra se hallarían a la distancia más corta de los últimos cien años, el general Charles Saltzman ordenó a las bases militares vigilar cualquier señal inusual, el almirante Edward W. Eberlen colocó un radiorreceptor a bordo de un globo a 3.000 metros de altura, y miles de radioaficionados se mantuvieron en alerta esperando captar el saludo de los marcianos… que no llegó. La decepción no acabó con la fe en un contacto radiofónico con inteligencias del espacio exterior, que resurgiría décadas más tarde con el proyecto SETI.

El siguiente factor era la ciencia ficción. El género nacido en el Viejo Mundo arraigó con fuerza en Norteamérica, y en el momento de la “emisión del pánico” gozaba de un seguimiento masivo. A través de cómics, novelas pulp y seriales cinematográficos, la cultura estadounidense se atiborró de aventuras protagonizadas por naves espaciales, criaturas extraterrestres y rayos ultradestructivos. Su eficacia persuasiva hacía creer que el futuro descrito se convertiría en realidad en muy corto plazo. Una de esas narraciones impresionó especialmente a los lectores: la citada novela de HG Wells. En la obra publicada en 1897 se comparaba a la implacable armada marciana con las tropas británicas que, poco tiempo antes, habían exterminado a los aborígenes de Tasmania para arrebatarles su territorio. De mano de los marcianos imaginarios, el colonialismo inglés recibía su propia medicina. En su adaptación, el jovencícimo Welles se limitó a trasladar la acción de Londres a Nueva York.

Y el último factor influyente era la tensa situación internacional. Faltaba menos de un año para que estallara la Segunda Guerra Mundial, y los estadounidenses temían que el conflicto en ciernes les arrastraría a una conflagración muchísimo más destructiva que todas las anteriores. Esa extraordinaria combinación de factores sugirió a la compañía teatral de la CBS la adaptación de la obra de Wells, alimentó la expectativa en una aplastante agresión enemiga, hizo creíble la aparición de los marcianos y otorgó verosimilitud al escenario de guerra interplanetaria. Sin su concurrencia difícilmente ningún oyente hubiera dado crédito al anuncio de que un rayo extraterrestre había vaporizado a siete mil soldados de una tacada. Y sin la persistencia de esas percepciones, más el poso dejado por la emisión, difícilmente se hubiera producido, una década más tarde, uno de los más sorprendentes pánicos colectivos de la Modernidad: el fenómeno OVNI.

El arte pop en particular y la cultura popular del siglo XX en general han mostrado y utilizado a los extraterrestres en infinidad de ocasiones, hasta el punto de considerar a esta forma de arte incomprensible sin ellos. Son muy abundantes las películas, series de televisión, novelas, obras de teatro y cómics con los extraterrestres como protagonistas principales o secundarios. En este aspecto la variedad es grande al poderse hallar extraterrestres microscópicos, con forma humana, grises de ojos grandes o acuáticos, entre muchas otras apariencias. Respecto a sus intenciones, en muchos casos su presencia tiene intenciones colonialistas, según Carl Sagan es menos común mostrarlos bienintencionados y más escasos aún presentarlos indiferentes a los problemas humanos.​ Los géneros también son variados al poder encontrarse obras dramáticas, de terror o comedias. Ahora bien, las referencias de la cultura popular a objetos volantes no identificados, es decir, objetos o supuestos objetos que vuelan sin saber realmente lo que son, resultan difíciles de localizar. Uno de los pocos ejemplos puede ser la serie televisiva ‘Project UFO’, traducido por ‘Investigación Ovni’ que representó casos de avistamientos Ovni basados en los testimonios recogidos durante las investigaciones del ‘Proyecto Libro Azul’. ​La primera temporada, de las dos que fueron producidas, no afirma la existencia de visitas extraterrestres; utilizaba expresiones como “dice que vio”, “dicen haber visto”. No obstante, de los varios casos representados por episodio, solía dejar uno sin explicar o relacionándolo directamente con visitas extraterrestres. Al final de cada capítulo, se indicaba mediante subtítulos que los ovnis no constituían un peligro para la seguridad nacional de los Estados Unidos, conclusión obtenida tras veinte años de investigaciones.

Llegamos a ‘E.T., el extraterrestre’, una película estadounidense de ciencia ficción de 1982 dirigida por Steven Spielberg, escrita por Melissa Mathison. La cinta está basada en un amigo imaginario del propio director, creado tras el divorcio de sus padres. En 1980, Spielberg conoció a Mathison y empezaron a desarrollar la historia. La película, cuyo rodaje se llevó a cabo entre septiembre y diciembre de 1981 en California de manera cronológica para conseguir actuaciones emocionales y más convincentes, tuvo un presupuesto de 10.5 millones de dólares. ‘E.T’ fue la película más taquillera hasta el momento -superando, incluso, a Star Wars (1977) y solo otra película dirigida por Spielberg le robó el mérito: Parque Jurásico (1993). Los críticos la aclamaron como una historia intemporal de la amistad y la sitúan como la película de ciencia ficción más grande jamás realizada según una encuesta del sitio web Rotten Tomatoes. ‘E.T.’ volvió a la Tierra 37 años después para reunirse con su amigo Elliott en un comercial conmovedor. El extraterrestre y Henry Thomas, el actor que interpretó al niño en el exitoso filme de 1982, se reunieron en un cortometraje, de apenas cuatro minutos, que se emitió en noviembre de 2019. Titulado ‘A Holiday Reunion’ (Una reunión en las fiestas), era en realidad una campaña publicitaria para Xfinity, una subsidiaria de la empresa de telecomunicaciones estadounidense Comcast. El comercial dirigido por Lance Acord muestra a ‘E.T’ cuando regresa a la Tierra para reunirse con un Elliott ya adulto. Elliot, Henry Thomas, ahora de 48 años, ya tiene su propia familia, con una esposa y dos hijos que se parecen a Thomas y Drew Barrymore. Elliot abraza a ‘E.T.’ emocionado cuando este vuelve a aparecer en la Tierra tras todos estos años. Al principio, sus hijos están asustados, pero claramente les contó sobre su pequeña aventura de hace casi 40 años. Así, ‘E.T.’ se una a la familia para pasar las fiestas. Las actividades que hacen juntos incluyen comer pastelitos, ir en trineo, arrojar bolas de nieve y mirar películas navideñas. ‘E.T.’ descubre, además, Internet y la realidad virtual. “Mucho ha cambiado desde que estuviste aquí”, le dice el hijo de Elliot. Aunque ‘E.T.’ disfruta pasar tiempo otra vez con Elliot, comienza a extrañar a su familia, que vemos proyectada en forma de holograma desde una esfera flotante. Buscando llegar a casa, recluta a los hijos de Elliot para recrear esa escena mágica de las bicicletas voladoras, para que pueda regresar a su nave espacial y regresar, en una escena casi idéntica a la de la película. Este cortometraje desnuda el impacto de las redes sociales en la familia.

El expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, ‘El Aprendiz’ de la Historia de los Estados Unidos, se enfrenta estos días en nuestro planeta al delito de “incitación a la insurrección”, en su segundo ‘impeachment’. En su refugio de Palm Beach, la opulenta isla de Florida, con la población más blanca y rica de Estados Unidos, el derrocado es cuestionado por algunos de sus vecinos, pues sus dedos meñiques presentan una frecuente rigidez que les impide doblarlos. ‘The Invaders’ invaden Miami, la ciudad estadounidense más ‘anticastrista’ y ‘trumpista’.

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