Primero sargazo, luego pandemia, un huracán, ¿y ahora petróleo?

Alerta, Cancún. Un barco se hunde cerca del vecino Trinidad y Tobago, el problema es su dimensión y lo que carga.

Agencia

MÉXICO. Es el Nabarima, una embarcación venezolana capaz de transportar más de un millón de barriles de petróleo, equivalentes a toda la producción mexicana de crudo durante 16 horas continuas. Su potencial hundimiento y un subsecuente derrame amenaza a todo el Caribe, del que vive el ecosistema natural y económico de Quintana Roo.

La dimensión del lío con epicentro en aguas de Venezuela fue descrita la semana pasada por el gobierno estadounidense:

“Estados Unidos sigue preocupado por el riesgo potencial para la seguridad y el medio ambiente que representa el barco de bandera venezolana, Nabarima, en el Golfo de Paria. Apoyamos firmemente las acciones inmediatas para que el Nabarima cumpla con los estándares internacionales de seguridad y evitar posibles daños ambientales, que podrían afectar negativamente no sólo al pueblo venezolano sino también a los países vecinos. PDVSA tiene la responsabilidad de tomar medidas para evitar un desastre ambiental en aguas venezolanas”, expuso la embajada estadounidense en Trinidad y Tobago el 15 de octubre.

Las decisiones políticas del presidente venezolano Nicolás Maduro que acabaron con la mayoría de las actividades productivas de su país, sumadas a las bajas globales de producción y precios del petróleo dejaron pasmada su economía nacional.

Adicional a todo lo anterior, Venezuela enfrenta un embargo comercial promovido por el gobierno del presidente Donald Trump, que reduce sus ventas de crudo.

Esta nación que llegó a exportar casi 2 millones de barriles diarios de petróleo a Estados Unidos hace 20 años, a cambio de unos 3 mil millones de dólares mensuales, en julio de este año topó con el suelo. La cifra de ventas a la nación norteamericana bajó a cero desde entonces, de acuerdo con registros de la Administración de Información Energética estadounidense.

Eso en un país sudamericano cuyos envíos de crudo representaron aproximadamente 80 por ciento de sus exportaciones, terminó por completar una devastación económica que lo convirtió en el más pobre del continente, por encima de Haití.

Cancún y el resto de los destinos del Caribe dependen de que una nación paupérrima evite un accidente ambiental.

En su mensaje trinitario, Estados Unidos intentó matizar su responsabilidad en la solución del hundimiento del Nabarima. Expuso que el embargo estadounidense no obstaculiza actividades de cuidado del medio ambiente.

“Como cuestión general, el programa de sanciones de Estados Unidos a Venezuela no tiene como objetivo actividades que aborden preocupaciones de seguridad, ambientales o humanitarias.

“Estas actividades para evitar un desastre ecológico son consistentes con la política de Estados Unidos de apoyar al pueblo venezolano y evitar más daños al medio ambiente”, expuso en su texto la embajada caribeña del país que gobierna Trump.

Hasta anoche no había información oficial de una solución al hundimiento del barco petrolero.

El Tiempo, un medio de comunicación venezolano, publicó ayer una nota sobre un par de embarcaciones que se aproximaron al Nabarima a fin de vaciarlo. Citó la cuenta en Twitter de Armand Delon, “un ingeniero de Química y Petróleo de la Universidad Central de Venezuela”.

Esa misma fuente más tarde puso en duda sus propios mensajes previos pues al parecer sólo el buque Ícaro permanecía en la zona; otro más llamado Jubilant Dream, aparentemente dejó de registrar su posición geográfica.

Evitar un desastre ambiental y potencialmente económico es un reto de dimensiones internacionales en el que bien haría al intervenir el canciller Marcelo Ebrard con ayuda de políticos mexicanos de pública afinidad con Venezuela.

Información: El Financiero.

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